Cantamos cuando somos felices, en el coche, en la ducha, en los bares, en los conciertos, sólos, con los amigos, con la familia…y no sólo eso, también bailamos. Bailamos cuando conseguimos un trabajo, cuando aprobamos un examen, cuando suena el teléfono y es la persona que nos gusta, bailamos con gente y , sobre todo, bailamos cuando nadie nos ve. La música forma parte de nuestra vida y no nos damos cuenta. Siempre ha estado ahí, primero nos enseñan canciones en el colegio, a los quince nos hacemos fans de un grupo y al final, terminamos comprándonos un coche, eso sí, con cargador de CD’s, porque si no, ¡menudo coche de pacotilla! ¿ Para que me sirve el coche si no puedo escuchar música? ¿Cómo voy a llegar hasta Torremolinos en pleno agosto con todo ese calor y sin música? Una cena romántica, sin música, no es cena, ¡o peor! ¿qué vamos a hacer después de la cena si no hay música de fondo? En el mejor de los casos podemos optar por hablar compulsivamente como si nos hubieran dado cuerda, y en el peor… nos conformaremos sin stripteasse y, además,  mañana tendremos que aguantar la mala cara del vecino en el ascensor.

¡Ayyy! ¿Qué sería de nosotros sin esa canción que nos levanta el ánimo cuando estamos tristes? O aquella que nos trae recuerdos maravillosos, o la que nos hace llorar. La música está dentro de cada uno de nosotros, y en el aire, en sonido del mar, en el canto de los pájaros, en el correr de un arroyo… la música está en todas partes, donde tú quieras y cuando tú quieras, es una amiga maravillosa.

Te he dado mil razones, pero seguro que tú encuentras mil y una más, por eso…

¡VIVE TU MÚSICA!

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